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Otros grandes a los que también admira, no obstante, son: Joaquín
Sorolla, por la destreza con que utiliza las luces y las sombras para
transmitir el calor del verano; Mariano Fortuny, por el virtuosismo
de sus acuarelas semejantes a óleos; Ramon Casas, por su trazo
inconfundible y su prolífica obra; Lucian Freud, por su brutalidad,
por saber exactamente lo que quiere y cómo lo quiere. David, con su obra, sólo pretende que el espectador sea capaz de sentir, siquiera, una milmillonésima parte de lo que él mismo siente frente a una obra de sus "héroes". |